El peor "cuento" que se ha escrito en la historia

Esto está lejos de tener el contexto de "peor" que se le dió al disco de Joselo "oso" jajaja. Cuando digo peor, en verdad es peor y es que su contenido está muy cercano a lo vulgar y mundano, mmm en fin. Júzguenlo ustedes mismos:



Como una oleada de ira repentina, se llenaron de mierda sus recuerdos, de pronto no podía pensar en otra cosa que no fuera aquél ser tan natural que llegaba a ser abominable. ¿Sería esa la historia de su vida? No creía posible acabarse el alma con la podrida mente.
Y ahí se encontraba, mirando páginas cargadas de deseo y escenas de sexo, como era costumbre desde que pudo hacerlo, excepto que esta ocasión –como muchas que venía arrastrando, era diferente. Trataba de seleccionar escenarios que no tuvieran que ver con el infierno, gente sudorosa que en nada se pareciera a aquella casa profana que albergaba lo divino; por supuesto iniciaba la ronda con sicalipsis austera y monótona como la de alguna pareja que tiene sexo después de comer, el arte de la industria pornográfica de hacer amateur los orgasmos falsos y la lujuria fingida… aquello le era familiar, durante algún tiempo, todos los sábados de 12 a 5 se convertía en la prostituta favorita de aquella vecindad. Habría sido un sueño que llegara alguien más que la pudiera penetrar.
La meticulosa y previa selección no resultó, los gustos arraigados no se pueden negar; y allí estaban esa flacas con los hombres por detrás; en esas selecciones ninguna tiene nombre, son figuras al azar etiquetadas por su raza o las personas que en cuadro se pudieran contar. Y sí, se decidió por Young students shoot amateur porn video, qué podría pasar, había transcurrido tiempo suficiente desde su último arranque de celos.
No diría que estaba loca, ¿puede llamarse a esa clase de discreta frustración, locura? Y tampoco es que culpara a ese hombre en especial de exponer su malograda actuación. Era joven por supuesto, a los 20 debería considerarse que hay tiempo de sobra para irse a dormir a las 4 de la mañana caminando por el piso resbaloso después de un bukkake. Él ya lo había vivido, y de cierta fúnebre manera, ella también.
Una chica con el rímel corrido devoraba tremenda polla en pantalla cuando la excitación comenzó a bajar, no era un mal video pero extrañas reminiscencias comenzaron a brotar; en efecto, era lo más estúpido del mundo, nadie puede recordar lo que no ha vivido, pero las palabras, las malditas palabras le cantaban al oído la escena en la que ahora todos tenían nombre, sexo y edad.
Era un momento perfecto para cambiar, tras la agria lubricación decidió clicar sobre uno que la hiciera flipar, Horny wet pussy, She is a good cock ride, Horny ebony gets huge cock in ass, títulos que pasaban y se mezclaban, se parecían y se desvanecían, nada para variar, la parte cuerda de su mente la alejaba de las orgías, sobre todo aquellas donde la juventud –emulada por nombres de fraternidades y emblemas de universidades– se hiciera notar. Pronto encontró un buen título: Double penetration lo demás bla bla bla; claro, todas las voces de Marilyn Monroe, Nabucodonosor, Hemingway, Donnie Darko, algunos pacientes de Freud, y hasta los yoes de Irene, yo y mi otro yo, le advirtieron que se tenía que largar, aunque fuera su fantasía favorita, ese no era su lugar.
Le dio “play”, al principio todo era genial, ya sabes, se tocaba mientras veía como dos completos extraños magreaban a una chica quien lo parecía disfrutar, era excitante esperar el gran momento que le daba título a aquel video. Si alguien la hubiera observado, hubiera sido testigo del momento en que todo comenzó a ser precioso y patético, los bytes se mostraban como dos orificios y dos penes, cada uno en su lugar, esa fantástica posición que adoptan tres personas para poderla disfrutar.
Remembraba esa escena de Lulú en la que Ely se la jala llorando mientras el siempre compadecido (o “compadeciente”) hombre le hace una caricia de bondad; ella era Ely, excepto que estaba sola, a excepción de los virtuales asistentes, no había nadie a quien oyera jadear. Salvo que en su mente la gente comenzó a llegar, los retratos, gente con nombres rimbombantes que se comenzaba a embriagar a la par que mostraba lo más primitivo y valioso de su asqueroso ser, genitales por aquí, genitales por allá, la escena del double penetration bailaba ahora en su mente con él ahí (sin ella ahí), con ellos ahí, la amistad repelente y cercana a la coninvencia penetraba a cualquier moza cortesana, meretriz y furcia quien fuera, simplemente no era ella.
A estas alturas no podría explicar qué causaba su coraje, que había creado el odio que en ese momento se detonó. Los celos (propios del Dr. Galeano) podían ser el motor, pero, ¿hay gente tan enferma como para arraigarse tanto a un amor?; por otro lado estaban los celos (no, no es un error), la chica penetrada se mostraba tal cual, era un objeto nada más, de cierta forma deseó poder sustituirla. Pensó en insultarla, en gritarle adjetivos que de hecho sólo harían más caliente la cogida que en su mente tenía lugar. Puta, ramera, puta, ramera; de qué serviría, las putas siempre saben que son putas y hasta eso son más chingonas que las mustias con congestión abdominal. Podía ser todo, quizá nada, lo único que se puede asegurar es que estalló, anhelaba poder olvidar, deshacerse de los malditos recuerdos de su novio en el orco, rosando los testículos de no importa quién mientras resbala su exquisita verga en las húmedas paredes de la objeto en cuestión.
Anhelaba apagar los temores a las voces asesinas de su jodidamente reprimida conciencia, callarle la boca a las monjas de su cabeza y a los brazos aferrados a su divino amor, el cual juzgaba como profano. Deseaba poder imitar a los conejos de Tiziano, olvidarse del mundo y de las consecuencias, pero no había nada más, el video estaba terminando, las personas de su bulo estaban terminando, su propia vida estaba terminando. Era sólo sexo, el acto más natural y si acaso rupestre, no era la envidia que pudiera denotar, más bien un enfermizo sentido de propiedad.
Llorando de vergüenza y coraje se terminó de masturbar, la mejor pequeña muerte de su pequeña vida, que, junto con un texto al celular “te amo para la eternidad” fueron sus últimos actos en esta vida. Entre dos opciones, decidió que aquella dosis de plomo justo entre los ojos sería la mejor alternativa y es que, honestamente, jamás podría terminar con el amor de su vida.

1 comentario:

  1. Cuando este grande me gustaría escribir como tu, sabes por que lo haces de poca madre, sigue escribiendo.

    ResponderEliminar

serán eternamente preciadas las palabras que destines a comentar este humilde post