Acerca de la vida después del temblor

Desde que comencé a leer, quise escribir. En cada libro que leía alguna historia, trataba de identificar la magia, la clave para hacerlo. Cuando te conocí supe que jamás podría hacerlo; que existen personas que nacen así, con ese talento, con la capacidad de crear y de hacer sentir. Cuando te conocí, los poemas fueron un medio, una conexión; los míos eran malos; buen caballero tuvo la atención de decir que le recordaban a Gabriela Mistral... ambos sabemos que no era así, y que mis letras flotaban más bien en la precariedad pueril. Pero a su lado comencé a escribir, no tenía escuela, aún ahora no la tengo, pero estaba ahí, después todo se acabó, se esfumó, quizá la cerrera o la cotidianidad se lo llevó. Continuamos, aunque ese lado tuyo jamás se acabó; hace semanas descubrí que existe, que aún ese tú se encuentra por ahí, siguiendo y admirando a gente que crea, que se entrega y escribe como quizá jamás lo haré. El amor entre nosotros se transformó, al final tú y yo siempre amamos más el cerebro que el cascarón, mi cascaron de escasa piel blanca ahora ya no sirve y tú, tu mente, tu ser y tus sentimientos pertenecen allá, a la verdadera gente que sabe crear. Cómo podría competir, ¿quiero hacerlo?, parece que dejé de ser la adecuada para ti; a muchos años de distancia la vida me da un revés y en cada momento siento que me falta el aire, que me ahogo, que me sofoco, que no podré continuar, que no sé cómo. Y es que en esta crisis que es ahora la vida, me pregunto, qué vendrá; sabemos que nada acaba, si acaso con la muerte; que la vida seguirá y que el tiempo jamás dará indulto, pero me aterra pensar que allá en aquel destino incierto, no estarás y me hunde, me martilla, me estalla pensar que aún en tu ausencia estés, estés presente en mi, en cada paso, en cada recuerdo y en todo lugar. La felicidad y la soledad son una elección, qué pasó que en este instante ya no estás, que es octubre y faltas, que es octubre y muero. Y ahora quisiera ser todo lo que no he sido, todo eso que te gusta, que te entusiasma, que te conmueve, todo lo que pueda hacerte reir o llorar, ser lo que admiras y lo que guardas, ser lo que eliges y no lo que abandonas. Pero no puedo, por que me estoy muriendo, porque me estoy extingüiendo y tú no estás. Y si hoy fueran estas mis últimas fuerzas te las entregaría a ti, en forma de versos excelsos, de magnífica poesía, de letras que rompen y que estallan, te entregaría mi alma en palabras que volvieran a unirse con la tuya, quizá voltearías de nuevo a ese rincón donde habito y volverías de nuevo conmigo a danzar. Pero no estoy muriendo la muerte que sí te entierra, ni son estas mis últimas fuerzas; ni podría, amor, plasmar con palabras el amor que te tengo y que no te pude dar. Porque no escribo, no lo haré jamás, no creo, no existo. Y porque tú ya existes en alguien más, en nuevas letras, nuevas palabras, nuevos horizontes y quizá en almas que sí danzan el mismo baile que tú, y que abrazan con calor sincero, que te conocen más allá.
"¿Qué ves cuando me ves? Cuando la mentira es la verdad."

En costa lejana
y en mar de Pasión,
dijimos adioses
sin decir adiós.
Y no fue verdad
la alucinación.
Ni tú la creíste
ni la creo yo,
«y es cierto y no es cierto»
como en la canción.
Que yendo hacia el Sur
diciendo iba yo:
«Vamos hacia el mar
que devora al Sol».
Y yendo hacia el Norte
decía tu voz:
«Vamos a ver juntos
donde se hace el Sol».
Ni por juego digas
o exageración
que nos separaron
tierra y mar, que son
ella, sueño y el
alucinación.
No te digas solo
ni pida tu voz
albergue para uno
al albergador.
Echarás la sombra
que siempre se echó,
morderás la duna
con paso de dos...
Para que ninguno,
ni hombre ni dios,
nos llame partidos
como luna y sol;
para que ni roca
ni viento errador,
ni río con vado
ni árbol sombreador,
aprendan y digan
mentira o error
del Sur y del Norte,
del uno y del dos!
Gabriela Mistral

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