Cada día elevo una plegaria por ti, y es cuando cierro mis ojos y respiro profundo que puedo reconocerte entre el mundo y el caos, tu esencia y tu luz irrepetible.

Cada día despierto con un sentimiento extraño, que poco puede describirse con palabras pero que sé suele nombrarse amor, eres el primer instante al despertar y en lo último que pienso al dormir;  te extraño en esta profunda soledad, pero te extraño aún más en los momentos de risas, de alegrías y de compañía.

Te amo, quizá más tangible, quizá más intenso; y duele estar y no estar; ser aunque ya no exista nada. De pronto dormí y soñé que todo terminaba y dolió otra vez, como cada vez.
De pronto sentí que todos aquellos planes ya no me hacen feliz, de pronto sentí que todo se acaba, que sigue el camino que siempre debió ser.

Pero el tiempo avanza, esta situación extraña fluye y la reminiscencia nos alcanza, y nuevamente volvemos a existir en un abrazo, en el cine, en las manos, en el descanso compartido, en las madrugadas, en el alcohol, en tus relatos, en tus pensamientos, en las cosas que me cuentas por teléfono, cuando no eres tú por completo, cuando el alcohol y la música vuelven a crearte en aquel personaje con quien solía ser un nosotros.

Y me preguntas por qué te quiero, cuando sabes que te quiero por todo, que la gente siempre dice "cuando alguien te dice -te quiero- pregunta para qué- yo no te quiero para nada sino para quererte, me preguntas por qué te quiero cuando sabes que te amo, por el simple hecho de ser tú. Y me dices que por qué tengo un novio tan complicado que busque alguien menos  complicado cuando sabes que yo no funciono, que el amor, al menos el mío no se trata de buscar ni de comodidad, yo te amo con todo tú, con quien eres, con tu ser, me dices tantas cosas que sólo ahí existen y que no se vuelven a repetir.

Y de pronto te reconozco en aquel que aparece de madrugada, y de pronto te reconozco siendo tú, siendo los sueños y los dilemas que solías ser, y de pronto te escucha y estás, y existimos en llanto, en Violeta, en tus recuerdos en las tristezas, en el canto y aunque vuelves a ser, aunque vuelves a estar jamás existe retorno certero, jamás se escapa el te amo que solías decir, y menos aún el que solías demostrar;  y queda el profundo hueco del te amo que ya no existe, que ya no pronuncias, pero sobre todo, ya no demuestras; hasta que nos ahoga el sueño, hasta que llega el nuevo día y con él, la ahora eterna realidad que debe ser.




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