Éramos octubre, ahora sólo soy diciembre....

...Sobre batallas perdidas. Sobre el amor que falló, sobre lo que ya no existe.

Yo creí que contigo lo tenía todo, yo solía tener plena confianza en ti, y durante el tiempo juntos pensé que era tu confidente, pensé ser aquella persona en quien te refugiadas, aquella que te brindaba alivio, pensé ser un hogar para ti, tal como yo siempre sentí que tú lo eras para mi. Un buen día comenzó una avalancha de hechos, verdades ocultas y mentiras que simplemente me hicieron ver que jamás fui esa persona para ti. Jamás tuviste la confianza para contarme los secretos más oscuros de tu ser, aquellas vivencias en tu infancia lejana, aquellas que sí llegan a marcar. Jamás me contaste detalles quizá tontos sobre ti, sobre tu forma real de pensar, jamás llegaste a ser tu, el de verdad... A quién amé tanto entonces, sino aquel hombre con mirada de niño perdido.

Recuerdo que durante mucho tiempo pensé que éramos cómplices, que éramos amigos, que estabas ahí, solo contra el mundo. Recuerdo tus quejas acerca de tu hermana, su manera de proceder, los momentos en que te hacía sentir enteramente mal, aquella que se llevó a tu perro, recuerdo muchas cosas y ahora, yo soy la que está fuera. Poco a poco acomodaste tu vida, tu persona, tus gustos, y yo quedé fuera de todo, yo y sólo yo, porque ella está ahí, en ese lugar que tenías oculto.

Ya no sé a qué juego estás jugando, no sé qué pretendes en realidad, tus falsos movimientos y tú creciente odio hacia mi. Sabes, cuando me corrieron de aquel, mi único trabajo, creo que jamás te conté; una tarde cercana a junio, el doctor fue a dejar medicamento, como de costumbre la gorda y su esposo estaban ahí; el doctor comenzó a decirle que ya estaba cansado de la doctora, que faltaba a cada rato y bajo excusas pendejas, recuerdo que dijo "la doctora de allá",  yo estaba en el consultorio pero no hacía falta ser muy brillante para saber que todo era una indirecta, siguieron muchos comentarios más, feos y corrientes, el esposo de la señora dijo "pues ya corrala" y el doctor le respondió "es que siento feo"; en este momento no recuerdo las palabras precisas pero sabes, recuerdo que lo dio a entender fue algo como -sí quiero pero me da lástima, no sé cómo hacerlo-....
...pues bien, nuevamente soy yo interpretando ese mismo papel, pero tú eres el doctor, que no me corre de su vida por lástima, porque a veces se siente feo echar un perro a la calle, aunque te esté chingando la existencia.

Tú ya no me quieres en tu vida, yo ya no soy lo que buscas para ti, lo digo así porque me lo haces sentir y lo has expresado; yo nuevamente me aferré; es un hecho que jamás me incluirás en tu ambiente, que jamás formaré parte del todo de tu vida; yo jamás seré tu persona nunca más y jamás seremos cómplices.

Así que me pregunto, qué es lo que quieres, qué juego es este y de qué se trata; porque cada día siento que valgo menos la pena; desde hace unos meses (vaya ya son meses) me siento un chiste, me siento aquel personaje patético del que todos se burlan, aquel que no sabe la verdad,  mientras todos a su alrededor saben lo que sí sucede.

Sabes, tú ya no me quieres y me niego a aceptarlo, me duele aceptarlo, pero lo sé lo noto en tus palabras; esa mirada que me obsequias cuando estás conmigo, esa manera exaltada en la que ves mis tetas fingiendo verlas cuando no me doy cuenta,  eso es lo único que te resta, eso es lo único que verdaderamente puedes fingir; y es que yo, no soy ese cacho de carne, me he rebajado a no valer nada, me he rebajado a dejar de existir.

Yo una vez volé, a tu lado; tú dijiste muchas veces te amo, muchas veces estuviste ahí; así que no sé si esto es válido porque quizá ya no me amas más, pero si pudieras tan sólo reunir un poco de aquel amor que alguna tuviste para mi y dejar de lastimarme.

Podrías tan sólo dejar de pretender que el tiempo nos curará, porque me muero. Cuántas lágrimas más debo derramar por ti. Cuánto más esperas que flagele mi alma marchita y mis nulas ganas de vivir. Cuánto más patética y desesperada debo ser para que dejes de herirme.

Sabes, de vez en vez me convierto en perro, de vez en vez muerdo un zapato que no debía ser mordido y ahí estas tú, para darme el reforzamiento negativo: ya me voy, ya no voy a hablar contigo, si te sientes así ya no deberías hablar conmigo, me molesta que te pongas así...

Cómo puedes denotar tanto desdén hacia alguien a quien solías amar.

De nuevo me duele tu rechazo, y todo esto, toda esta realidad vomitiva es la que se encarga de decirme que ya no habrá más.

Te espero cada mañana, cada despertar ansiaba que quisieras volver, qie quisieras estar; cada día ha transcurrido he esperado que me integres, qie me aceptes, cada día he deseado con mi alma entera ser tu cómplice, ser tu confidente, cada nuevo sol anhelaba ser lo que alguna vez fuimos; pero cada día se ve más lejano, más imposible, mi amor por ti se perpetua mientras el tuyo se desvanece, se enjuaga, se larga.

Cuánto más Sariel, qué esperas en realidad, de qué se trata todo, porque me estoy volviendo loca, porque siento usada, porque me matas. Cuánto más Sariel, porque te amo, quizá hasta la muerte.




1 comentario:

  1. Aún los perros aúllan cuando lloras aun los peros amablemente acercan su hocico a limpiar tus lagrimas ellos ladran a la luna todas la noches para que estés bien, ellos lamen de tus mejillas cada lagrima derramada con ello hacen pequeños diamantes para construir un espejo tan grande y tan diafano para que se refleje tu corazón. Los perros aúllan para que estés bien ellos tejen pequeñas redecillas con patas cansadas para que tu duermas en ellas, ellos lamentan el destino de tus lagrimas ellos están ahí, los perros aúllan, los perros aman la delicada existencia de tu ser.

    Ellos corren detrás de ti siempre, sin importar nada destruyen pequeños destellos de sus corazones al correr a tu lado por que cada destello perdido es una lagrima derramada, por que cada lagrima derramada es una destello de sus vidas

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